lunes, 19 de octubre de 2026

Cochiquera de Las Revillas

A esta cochiquera daba acceso el Pontón de Revillas. Se hizo a mediados del siglo XX, quizás sobre alguna antigua y pequeña zahúrda que había previamente. Se construyó con piedra local (pizarra principalmente), cal, teja, algunos ladrillos y cantería de granito para los dinteles y jambas de las puertas de acceso de los guarros. 


El conjunto, de forma rectangular, está divido en tres partes: un corral grande trasero, un chiquero o dormidero central y un corral delantero dividido en dos partes.

El corral trasero es de piedra de mampuesto de pizarra y es anexo a la estancia cerrada de la cochiquera y al otro corral, con acceso independiente de ambos. Tiene una puerta con un robusto poste encalado. La parte superior de las paredes está rematada con hiladas oblicuas para la fijación de las piedras. También hay algunas lanchas salientes en ambas caras para el acceso rápido del porquero saltando. 

La estancia cerrada o chiquero, está construido en su interior con bóveda de cañón alargada y con un fuerte enlucido, con potentes muros que lo aíslan del exterior. El exterior de la estancia remata la bóveda con un tejado a dos aguas de teja que descansaban sobre tierra que, además de ayudar al aislamiento interno, rellenaba el hueco entre la bóveda y el muro que da forma rectangular a todo el exterior. En ambos extremos hay dos ventanas para el visionado del ganado. El acceso al interior era a través de puertas para los cerdos de tamaño grande con jambas, dintel y umbral de cantería de granito. Esto indica que su construcción fue cuando ya se habían introducido de forma generalizada, a mediados del siglo XX, razas de guarro más grande que la ibérica tradicional, de portes más pequeños. Por encima de estas puertas, y entre ellas, hay algún pequeño ventanuco como complemento de ventilación de la estancia. Para este fin, se pueden ver en lo alto del tejado, varias pequeñas chimeneas dispuestas regularmente y en forma de tubo de cemento, aunque en el interior no se ven los vanos que debieran corresponder a cada tubo. Finalmente, el suelo estaba cementado para no generar barro y que los animales lo deterioraran haciendo hoyos. 

Las puertas de esta estancia daban a una corralada o corral delantero, el cual estaba divido en dos partes por su mitad y era de menor superficie que el corral trasero. Ambas mitades se comunicaban con una puerta para el ganado y unas lanchas salientes para el salto del ganadero, y con un rebaje que disminuye la altura de la pared y facilita esta maniobra. Las paredes, igualmente de mampuesto de piedra local, estaban enlucidas por completo. También tenían puerta de acceso con poste para el porquero.

El estado de conservación general del conjunto es bueno, debido a su construcción no muy antigua, su buena técnica de construcción, el refuerzo de la cal enlucida en las paredes, y su abandono en lugar apartado. El tejado es la parte más deteriorada debido a su mayor exposición y fragilidad, aunque la bóveda de cañón interior es altamente resistente a la erosión debido a su potencia y grueso enlucido. 

Esta tipología de corraladas, con chiquero de bóveda de cañón alargada y enlucida en el interior y rematada en edificio rectangular con tejado a dos aguas en el exterior; más un corral inmediato dividido más pequeño donde se ubican las puertas de acceso, más otro más grande trasero, también se hizo en otros lugares de la zona en aquella época. Un ejemplo idéntico se encuentra junto al embalse de Santa Marta, en la finca Valdehonduras, donde en tiempos antiguos había un tinado. 

Su construcción introducía técnicas modernas que sustituían a las tradicionales zahúrdas y cochiqueras de chiquero circular de cúpula o rectangular, hechas por aproximación de hiladas y selladas con tierra, y con un único corral exterior. Estas corraladas más modernas estaban orientadas a una cría de mayor número de cerdos, aunque en pocos años dieron paso a las corraladas de tipo industrial para la cría intensiva de este animal, con naves o edificios alargados que albergaban numerosas estancias de cría de pequeño tamaño. En ambos casos, su vigencia fue de pocos años, pues la cría de cerdo, base fundamental de la economía ganadera extremeña, fue siendo relegada por los nuevos hábitos de consumo y por el abandono general del campo. Al irse la gente desapareció este tipo de ganadería en el entorno de los cortijos, quedando las zahúrdas, las más antiguas y estas más modernas, sin uso y abandonadas. 



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