Estas ruinas mineras se ubican en término municipal de Cáceres pero próximas a la localidad de Plasenzuela y la Venta de la Matilla, en un acusado meandro que forma el río Tamuja. Toma el nombre del paraje donde se ubica, integrado en la Finca El Horco de Abajo.
Esta mina formaba parte del grupo de minas del entorno de Plasenzuela que posiblemente se explotaron desde tiempos prerromanos, romanos y quizás medievales, pero sobre todo, en la segunda mitad del siglo XIX, a través de la Sociedad Minera Palacios y Golondrinas, así como la Compañía Portuguesa de las Minas de Plasenzuela (Cáceres), que operó en la zona entre 1882 y 1888.
El batolito granítico de Plasenzuela, se encaja en sus rebordes en las pizarras y grauvacas precámbricas del Complejo Esquisto Grauváquico (CEG) de la penillanura circundante, produciendo una aureola de metamorfismo de contacto de varios centenares de metros de espesor. Estas características geológicas dieron lugar a la formación de varios yacimientos de mineralizaciones polimetálicas de, principalmente, plomo, plata y zinc.
Curiosamente, las planimetrías cartográficas del siglo XIX no recogen la existencia de esta mina, ni siquiera de sus ruinas, al contrario de otras minas del entorno, que sí aparecen reflejadas. Tampoco lo hacen las primeras ediciones del Mapa Topográfico Nacional posteriores de la primera mitad del siglo XX.
Al comenzar este siglo, estas minas estaban completamente abandonadas, realizándose tan solo alguna actividad de lavado de escombreras.
Esta Mina de Casa Blanca se divide en dos complejos edilicios, uno en el estrechamiento de la base del meandro, y el otro unos metros más allá, en el extremo de la península que forma éste. También hay alguna caseta en las inmediaciones y otros curiosos restos líticos de estructuras o cercados, estos quizás de épocas más antiguos que los edificios, y formados por enormes bloques de granito, por lo que cuesta creer que se empleara un gran esfuerzo como requeriría moverlos, para un simple cercado. También se observan talles en el suelo rocoso ligados a las actividades mineras. En los alrededores, junto a estos cercados, también hay algunos grandes bloques de granito labrados.
Impresionan las ruinas y los profundos pozos verticales de la antigua mina. En el interior de estos se refugian decenas de palomas. Merece la pena ver un pozo de extracción preparado para el ascenso y el descenso perpendicular de carros mediante railes en un suelo enlosado y en acusada pendiente. Llaman la atención también algunos elementos constructivos como los arcos de pizarra o granito o las esquinas de sillares graníticos, en los que se pueden apreciar conjugadas la arquitectura industrial de la época y la popular. Los materiales empleados y las técnicas constructivas fueron el mampuesto de roca local (granitos, pizarras, cuarzos, …) y el empleo de cal como aglutinante y para los enlucidos, así como el barro, adobe y el ladrillo cocido.
La ubicación de la mina se puede ver al final del artículo, donde indica "Location".
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