Es habitual en la Penillanura Trujillano-cacereña encontrar restos de asentamientos en los cerros, especialmente si cerca hay algún pozo o manantial. Estos asentamientos abarcan cronológicamente desde tiempos posromanos, hace unos 1500 años, e incluso anteriores, hasta mediados del siglo XX, cuando eran comunes los chozos pastoriles.
Las planicies que forman estos cerros, eran buenos lugares donde asentarse, ya fuera una pequeña agrupación de viviendas o chozos aislados. Asociados a estos, podía haber algún gallinero, zahúrda, o incluso cuadra o perrera, en piedra o de monte o pared de lo primero y techumbre de lo segundo.
También es frecuente encontrar restos de chozos más recientes, con materiales reutilizados o presentes de asentamientos más antiguos. Círculos de tierra del asentamiento del chozo, el antiguo hogar donde se hacía la lumbre, piedras planas que hacían de umbral de entrada (algunas con un hoyo o quicio para el encaje del madero o quicial de la puerta), montones de piedras, fragmentos graníticos, restos de molinos manuales, cerámicas, piletas excavadas en el cancho o incluso alguna tumba excavada en roca; señalan que en esos cerros hubo vida, a pesar de la soledad de los campos actual.
En este caso, las imágenes se corresponden con el cerro más próximo al Manantial de Barranco Oscuro de La Marquina, entre éste y el camino que baja a Vaoviejo. Una extensa planicie sugiere un antiguo asentamiento. Hay numerosos restos líticos de lo que serían construcciones, incluso alineamientos de pequeñas paredes. Este punto era ideal, porque al llano del cerro se suma el agua cercana del manantial, y un amplio dominio visual de la zona, viendo el pueblo y varios cortijos.
Hay algún bloque de roca granítica, pórfido seguramente, pues hay un afloramiento de un filón cercano, si bien aquí ha sido traído artificialmente. En estas fotos, se ven unos prismas que pudieron servir de jambas de puertas entre otros usos constructivos.
También hay una pileta circular profunda excavada en el cancho, para comedero de los animales.
Fragmentos de granito de antiguos molinos manuales con varios siglos.
Más restos líticos ladera abajo, quizás zahúrdas u otra estancia para animales.
Resulta interesante encontrar este tipo de restos de poblamiento de otros tiempos, ya completamente abandonados y perdidos. Merece la pena perderse por el entorno natural que otrora sirvió de sustento y morada a sus habitantes.













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